HISTORIA LOCAL

El municipio de San Vicente surgió como sitio minero desde el siglo XVIII, allí empezaron lentamente a llegar mineros con sus respectivas cuadrillas, y trabajadores independientes del oro. En ésa época una de las principales minas en explotación era La Magdalena, de propiedad del capitán Felipe Rodríguez Vivanco, éste y otros bienes pasaron a manos de sus hijas, todas ellas religiosas. La mina La Magdalena y los territorios aledaños a ella pasaron a una de las hijas, recluida en el convento de Las Carmelitas de Bogotá, institución que se hizo cargo posteriormente de la administración de la misma.


En La Magdalena trabajaron varios mineros, quienes en 1.776 decidieron levantar una capilla en honor a San Vicente Ferrer. Un año después era viceparroquia dependiente del curato de San Nicolás de Rionegro. Otras capillas que se construyeron para beneficio de los trabajadores mineros fueron la de Ovejas y El Coral, venidas a menos con las posteriores crisis mineras.


El 16 de febrero de 1.780, el templo erigido en La Magdalena fue elevado a la categoría de parroquia, segregándola de Rionegro y El Peñol. Nombraron como primer párroco al Pbro. Francisco José Hermenegildo Leonín de Estrada, cura de El Peñol.


Posteriormente fue trasladado el caserío de La Magdalena al sitio que ocupa hoy, dicho traslado llevó a enfrentamientos entre los residenciados en San Vicente y los de La Magdalena. Luego, en 1.812, el obispo Velarde y el gobernador de la provincia de Antioquia, Francisco Baraya, autorizaron el traslado a donde está hoy, en terrenos de unos señores Ceballos. Fue erigido municipio en 1.814.


Allí como en otros sitios del oriente, las autoridades coloniales, a finales del siglo XVIII, comenzaron a incentivar la agricultura, con el objeto de abastecer la población dedicada a la minería. De ahí el impulso a la siembre de maíz, fríjol y legumbres para el autoconsumo de su población.


Durante la segunda mitad del siglo XIX, la minería estaba muy reducida especialmente en La Magdalena, La Compañía y Ovejas.


REFERENCIAS:

Colección de estudios de localidades, CORNARE – INER, San Vicente, Pág. 21, 22, 23 y 24.

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